No he encontrado en todos los días de mi vida, ni en todos los días de las vidas ajenas , ni en los días de ninguna religión, una paz semejante a la de las noches de estomago lleno y respiraciones pausadas y profundas.
Como diría James Bond: “El mañana nunca muere” y es precisamente el mañana lo que no importa en una noche como esta.
En el radio suena un gran calypso.
Lanzado al viento a las 9 horas y 41 minutos de una noche de tres cervezas como cualquier otra.