Es complicado, en este momento tengo una sensación de amor y odio.
El sábado pasado me fui a caminar por BB.AA., todo muy tranquilo, el subte (que es así es como le dicen al metro por estas latitudes) un poco saturado de gente pero bastante “normal“. Lo utilicé un par de veces y después decidí aventurarme a utilizar el sistema de colectivos (así le dicen acá al transporte público).
¡Malévolo e insano sistema!, hijo predilecto del demonio del mal carácter.
Conocí la parte corriente del país, muchísimos pordioseros, mucho caos, gente y vehículos, estaciones de trenes viejas, la central de buses en Retiro.
Conclusión: Crueles son estas ciudades grandes, abruman, destruyen la voluntad y consumen personas como nosotros consumimos pollos. Fácil es perder al humanidad en lugares tan agresivos y toscos como estos.